ESPACIOS COMUNES

Solo show curated by Jorge Villacorta
Galería Lucia de la Puente, Lima, Perú. 2005
Técnica: Lápiz sobre Tela.

ESPACIOS COMUNES

A lo largo de un día en la vida, el ser humano tiene por costumbre vivir –y equilibrar su vida, si es que esto es posible–, entre estados en que se halla en proximidad, lado a lado activamente con otros seres humanos, y estados de distanciamiento, en los que reduce su participación en la acción grupal y su comportamiento tiende a centrarse en el evitamiento, desde el simple evitar tocarse o chocarse con los demás. La existencia de un individuo es un aprendizaje de cómo estar cerca y luego saber ponerse a buen recaudo, lo más convenientemente alejado. Hay algunas sociedades en las cuales, desde el momento en que están en capacidad de hacerlo, los individuos optan por interponer mayor distancia unos con otros.

Desde que “el individuo emergiera como actor social…cada quien en las sociedades occidentales reivindica una intimidad no traspasable en ciertos momentos y en ciertos lugares” según Jacques Lévy; quien, sin embargo, también apunta que en la estela del pensamiento kantiano el espacio se hace presente como metáfora, moldeado por “la discordancia entre lógicas individuales y destino común, comparable a la que existe entre las fuerzas de la materia física, entre las fuerzas de atracción y las de repulsión”. Es en tanto metáfora que el espacio interesa a los estudios en ciencias sociales.

 ¿Y en la plástica qué? Pablo Patrucco, artista visual de la generación emergente, se ha propuesto explorar las representaciones conocidas de los momentos de la vida que la sociedad a la que pertenecemos nos ha pauteado; de aquellos que se nos hacen particularmente familiares porque los conocemos no sólo porque los hemos vivido sino porque alguien siempre ha estado allí para fotografiarlos y dejarnos las imágenes fotográficas para que podamos reconocernos en ellas, y así reconocer nuestra pertenencia a una sociedad. A través de los referentes fotográficos que ha tomado como modelo, y que son retratos grupales para consumo privado, Patrucco ha descubierto cómo revestir esos instantes clásicos en una vida común y corriente, hecha de proximidad y distancia, con el carácter de una existencia colectiva abierta, en la que los actores son individuos fuertes. El formato heroico del dibujo lo asegura.

Lo que ocurre es, tal vez, que los individuos retratados se hallan dentro de un espacio, que para el observador es reconociblemente un espacio que afirma la continuidad con un-fuera-del-encuadre, lo que ciertamente podríamos llamar una ilusión, pero que también podría ser visto como una promesa que late en el imaginario del artista. Tal vez porque Pablo Patrucco se ha hecho una pregunta que la mayor parte del tiempo la mayoría esquiva hacerse: ¿cómo ser conscientes de la existencia de los otros, de los demás?

La imagen fotográfica que sirvió como referente terminaba en los bordes del papel fotográfico del típico tamaño jumbo, pero en el dibujo la representación no termina ahí: la acción de dibujar el retrato grupal en cada caso pone en cuestión el asunto del dentro y el fuera, y lo que el carbón configura, queda configurado sobre la tela como un ir y venir que enlaza e ilumina cercanía y separación. ¿No podría ser esto un desear ver aparecer la base de un proyecto social?
Jorge Villacorta Chávez, Lima, enero de 2005.  

 

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